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Cuando los políticos hablan de lanecesidad de rescatar del olvido el Oeste de León, el Oeste de la Comunidad deCastilla y León, el Oeste de España, si la conocieran, estoy seguro de que laprimera imagen que pasaría por su mente sería La Cabrera, porque es,justamente, el Oeste del Oeste. Pero, curiosamente, es el último lugar del quese acuerdan a la hora de invertir, por esa mala costumbre de dejar lo difícilpara el final.

Por eso, quiero aprovechar estaslíneas, no para cantar las excelencias de La Cabrera, sino para reclamar que yaes hora de que se aborde de una vez esta asignatura pendiente en la provincia,en la Comunidad y en el Estado. La Cabrera tiene que dejar de ser ese lugar quesorprende al viajero, al político y al turista cuando se pierde en ella e,inevitablemente, se pregunta entonces por qué no se ha hecho nada para rescatardel olvido una comarca tan amplia y tan bella, con su pasado en vivo, susmontañas y valles, sus caminos hacia lo inabarcable y hacia lo recóndito.

Ha tenido que pasar todo el sigloXX, en el que España ha despegado económicamente hasta convertirse en unapotencia mundial, para que se decidiera, por fin realizar una carretera decenteque comunicara de Norte a Sur la Comarca. Cuando ésta ha finalizado, ya iniciadoel siglo XXI, La Cabrera ha comenzado a salir de su marginación. Esta carreterafiguraba en todos los planes y proyectos desde mediados del siglo pasado, perono se hacía. Mejorarla para hacerla más accesible, más rápida y más segura esuna obligación inexcusable.

También figuran en todos losplanes la creación de servicios básicos de salud, de educación y sociales. Ladespoblación y la dispersión han paralizado la ubicación de estasinfraestructuras, pero la transformación de algunos municipios gracias a lapizarra y el turismo rural, hacen posible hoy pensar en pactos entreayuntamientos para elegir dónde y cómo se instalan estos serviciosimprescindibles.

El potencial minero de la pizarraes hoy una realidad, pero La Cabrera no puede repetir la historia que hizo que,en la antigüedad, sólo aportara los canales romanos para llevar el agua a Las Médulas,por más que este importante sistema de canales, realizados en un entorno degran belleza, deba ser hoy adecuadamente explorado y utilizado con finesculturales y turísticos. Pero no debiera repetirse la historia de unautilización de los recursos cabreireses en beneficio únicamente ajeno y, así,es fundamental fijar empresas de transformación de la pizarra dentro delterritorio para garantizar también el valor añadido que produce.

Como la del carbón, esta minería tiene también una fecha de caducidad, que espero sea todavía muy lejana, perohay que aprender de otras zonas mineras para que, cuando esto ocurra, nosuponga una catástrofe medioambiental y sin alternativa económica.

En la era del calentamientoglobal, los ríos de La Cabrera, el Eria y el Cabrera, deben ser mimadosecológicamente, porque de ellos dependerá, en el futuro, el incipiente turismo.Hay que pensar que el agua, una molécula simple de característicasextraordinarias, es la base de la vida; ha jugado un importante papel en eldesarrollo de todas las sociedades, creándose en torno a ella organizacionessociales, a menudo participativas y solidarias, tanto en lugares de escasezcomo de abundancia, hasta poderse hablar de una cultura del agua específica decada sociedad. Pero la palabra clave que refleja, tanto la situación actualcomo, sobre todo, las perspectivas futuras a nivel global, es la escasez. Tradicionalmente,se han considerado los sectores urbano, industrial y agrícola como losprincipales usuarios del agua; hoy emerge con fuerza otro sector, el ambiental,que ha pasado de residual a prioritario.
La Cabrera no debe ser cicatera a la hora de plantear regulaciones quegarantices su caudal ecológico en el futuro y, para eso, quizá no seannecesarios nuevos embalses, sino aplicar otros métodos que hoy pueden resultarmás caros, pero que serán más rentables de cara al futuro.

Por último, mencionaré en estesomero análisis, el problema de la situación administrativa de la comarca. Y es que, perdidaentre la burocracia de pertenecer al Partido Judicial de Astorga, del que lesepara la barrera del Teleno; volcada por el Norte hacia El Bierzo, del que nose beneficia por no estar incluida en su comarca, y por el Sur hacia La Bañeza,que le hada la espalda, los municipios de La Cabrera deben buscar su propiaidentidad en ese eje Norte-Sur que une El Bierzo y Galicia con Zamora yPortugal.

Sólo la unión efectiva de todoslos municipios en este objetivo común logrará rescatar La Cabrera de suancestral olvido. La Fiesta de La Cabrera, institucionalizada hace años, es unaexcelente oportunidad para que esos planes, esas luchas individuales de decenasde cabreireses que han soportado la emigración masiva y han apostado por sufuturo, se apoyen unos a otros y decidan su futuro.

“El futuro tiene muchos nombres.Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Paralos valientes es la oportunidad”, decía el novelista francés Víctor Hugo. LaCabrera está, sin duda, ante su oportunidad, y tiene sobrados valientes paraaprovecharla. Sólo hace falta que se mantengan unidos. La unidad y la variedades la unidad es la clave del futuro.




El año 2008 comenzó en León con la mismainconsciente euforia que invadía a cientos de millones de ciudadanos de lospaíses más desarrollados, convencidos de que vivían los mejores años de suvida, en los que conseguirían hacerse cada vez más ricos. León, con unpresidente del Gobierno de la tierra, que anunciaba inversiones ingentes y unafebril actividad constructora por todos los rincones de la provincia,conseguiría salir por fin del abandono secular y encaramarse a los primerospuestos del ranking económico nacional.

Había pruebas suficientes para sentirse optimistas. La llegada del AVEpodía palparse; mes a mes, la red de autovías y autopistas iba cerrándose entorno a la capital y a Ponferrada, consolidando la provincia como un nudo decomunicaciones vital en el noroeste español, que se completaba con laconstrucción a marchas forzadas de sendos cinturones industriales en torno aambas ciudades, al tiempo que, poco a poco, iban llenándose de firmasindustriales de primer orden. Los dos proyectos estrella del Gobierno para Leóny Ponferrada -el Inteco y la Ciudad de la Energía- ya tenían edificio y creabanlos primeros centenares de puestos de trabajo, ligados a los sectores máspujantes de futuro: las energías renovables y las telecomunicaciones. La Juntano estaba dispuesta a quedarse atrás en el feudo de Zapatero y apostaba conmillones de euros por la industria, la vivienda, el transporte y el empleo; yhasta el Ayuntamiento de León afirmaba que era capaz de sacar a la institución dela quiebra en la que se encontraba y de reducir la absurda plantilla municipal.En la provincia, surgían nuevos proyectos ligados al turismo rural y a lasenergías eólica, solar y biodiésel. En el campo se aprobaron decenas demillones de euros para la instalación y modernización de regadíos, que iban aresucitar esta vieja profesión en un momento en el que las materias primas sedisparaban en el mercado mundial, lo mismo que ocurría con el carbón, gracias ala disparatada subida del petróleo. Los leoneses, como tantos otros, sepreparaban para convertirse en una potencia exportadora y esperaban, ansiosos,la conquista del mercado chino, que se presentaba al mundo con su mejores galasen los Juegos Olímpicos de Pekín. Hasta nos permitimos el lujo de crear unacompañía aeronáutica propia, que primero acaparó el mercado regional y yaestaba dispuesta a dar el salto internacional, aprovechando la construcción deuna pista que comprometía un aeropuerto de primer orden nacional.

Pero llegó el verano y todo comenzó a desmoronarse. Hoy, cuando se acabael año, comenzamos a tener una ligera idea del alcance de la catástrofe en laque se halla sumido el mundo, que ya puede calificarse, sin falsos optimismos,como la peor que se ha sufrido desde la Gran Depresión delos años 30. También sabemos quiénes son los culpables. Son los mismos falsoscapitalistas; los tecnócratas que han usurpado el poder a los políticosdemocráticos, creando grupos de presión para modificar las leyes en beneficiopropio y en nombre de una globalización sin conciencia social ni ecológica; losgerentes y directivos disfrazados de empresarios y banqueros, que pervirtieronel sistema financiero y empresarial envenenando todo el entramado económico yfinanciero en el que se había sustentado el desarrollo económico bajo losprincipios del liberalismo. Son los mismos que ahora esconden sus nombres,avergonzados y escandalizados, cuando el más genuino de sus representantes, untal Madoff, ha conseguido estafarles 50.000 millones de dólares.

Toda la teoría y la práctica económica de las últimas décadas ha saltadopor los aires y hoy el país que ha impuesto a sangre y fuego durante décadas elneoliberalismo en todo el mundo está nacionalizando la banca y las principalesempresas del país, ante el asombro de los comunistas chinos.

El mundo entero, atónito, ha vuelto sus ojos hacia un solo hombre, elrecién elegido presidente de Estados Unidos, Barak Obama, que el próximo 20 deenero toma posesión del Gobierno de un país humillado y arruinado. A día dehoy, el FBI está dedicando más efectivos a investigar los fraudes de WallStreet que al terrorismo y son acciones como ésta las que se esperan de Obamapara limpiar la gangrena que envenena el sistema financiero mundial, único modode recuperar la confianza del mercado y de los consumidores.

En España, como en la mayoría de los países de la órbita occidental, elGobierno ha abierto las arcas del Estado al déficit desbocado para inyectardinero en el sistema bancario, en la obra pública y en las políticas sociales,en un desesperado intento de frenar la sangría de millones de parados y deempresas en quiebra, sin intuir siquiera cómo y cuándo se va a pagar esedéficit.

¿Qué hacer cuando las previsiones más optimistas anuncian un millón deparados más en España para 2009, el cierre de miles de empresas y laliquidación de la mitad del comercio?

En primer lugar, ejercer la responsabilidad social que a cada uno noscorresponde y que nunca debimos abandonar. El político en las instituiciones,el juez en los juzgados, el periodista en los medios de comunicación, el obreroen sus fábricas, el funcionario en su departamento, el banquero en su banco, elempresario en su empresa, el profesor en la Universidad y la escuela.... paraasí conseguir la suficiente fuerza moral para castigar a los culpables y crearun nuevo sistema legal y económico que nos proteja de la euforia especulativaque, cada cierto tiempo, contamina a una parte o a toda la Humanidad.

Desde León no podemos volver a caer en el victimismo que nos haatenazado durante lustros. Todas las condiciones favorables que se detallaban aprincipios del año están ahí, desde el AVE al turismo, pasando por la industriay todas, con realismo y sacrificio de empresarios y trabajadores, pueden volvera reflotarse y crear riqueza y empleo.

Son tiempos difíciles y propicios para falsos mesianismos ycatastrofistas ávidos de poder, aún a costa de utilizar la revuelta social.Tenemos una democracia joven pero sólida, que se sustenta en institucionesgobernadas por políticos, a los que todos debemos apoyar ahora sin reservas ycon la entereza que da a la mayoría el no sabernos culpables de estacatástrofe. Zapatero, Herrera, Fernández, Carrasco y todos y cada uno de losparlamentarios y alcaldes de León tienen la obligación de liderar los esfuerzoscomunes para salir de esta crisis o de dimitir si son incapaces y se sientan aesperar que escampe.